EL Jesús histórico y el Cristo de la fe
en el pensamiento de Rudolf Bultmann
Por José
Martín
Hernández Sandoval
La investigación formal del Jesús
histórico surge como resultado de la Ilustración,
una época, como diría Kant, en que
el hombre inicia su mayoría de edad, es decir, se independiza del sentimiento
religioso dejándole casi todo a la razón. El racionalismo interpretaba la
realidad como una serie de causas y efectos que podrían ser estudiados con el
método científico. Pretendemos en este breve ensayo descubrir las motivaciones
y el resultado de la búsqueda del Jesús histórico que realizó Rudolf Bultmann.
En un ambiente moderno-racionalista
se mueve nuestro teólogo Rudolf Bultmann, nos hace falta conocer un poco el desarrollo
del debate sobre el Jesús histórico
antes de R. Bultmann. Para ello, auxiliémonos de Macos Abbott en su artículo “El Jesús Histórico: Historia y estado de la
investigación”.[1]
Reimarus (1694-1768)
era un profesor de idiomas orientales y filósofo. Como deísta, le interesó
mucho la relación entre la revelación y la razón. Siguiendo a Christian Wolff y
otros, Reimarus aplicaba dos criterios principales para identificar la
revelación.
“El primero
era el de la necesidad, por el que se entiende que la revelación explica
aquello que no puede ser explicado por la ley natural. Así, bajo ciertas
circunstancias Dios tuvo que recurrir al milagro para revelarse. El segundo
criterio es el de la coherencia, por el que se entiende que la revelación no
admite contradicción.”[2]
Con estos criterios Reimarus estudio
analíticamente los Evangelios para discernir la presencia de la revelación. Dió un paso metodológico pionero
al distinguir entre la predicación de
Jesús y la fe de los apóstoles en el Cristo (Mesías). Esta es una
importante distinción que será ampliada más adelante.
Al final de su estudio, Reimarus
no encuentra ninguna necesidad de milagro.
Se puede explicar todo naturalmente. Esta misma afirmación, pero con un sabor
más fuerte, la encontramos en Bultmann.
Reimarus identificó uno de los
asuntos clave para la cuestión del Jesús histórico, que es la relación entre la historia y la fe (de
aquí es de donde parte la distinción posterior del Jesús y del Cristo). Nos
conduce esto a interrogarnos: ¿Quién fue
Jesús?, y ¿Qué importa? (¿Importa realmente quién fue
histórico-existencialmente?). Con los investigadores posteriores a Reimarus, se
constata la destrucción del optimismo histórico.
En 1919 Martín Dibelius inició la
crítica de las formas con la
publicación de su libro La historia de
las formas evangélicas. Su metodología fue aplicada y desarrollada más
profusamente por Rudolf Bultmann (Historia
de la tradición sinóptica, 1921). Básicamente la crítica de las formas
analiza las formas literarias de las perícopas[3] de los evangelios. Las clasifica por
sus géneros, asignando términos técnicos para sus formas como son leyenda, paradigma, parénesis, mito y
otros.
Lo que aporta este análisis es
una descripción del contexto vital de la comunidad primitiva y no una
descripción del Jesús histórico. Según Bultmann: “La predicación de Jesús
pertenece a los presupuestos de la teología del NT y no constituye una parte de
ésta.”[4]
Bultmann quiere decir que los evangelios
presentan más el kerygma (esto es la
proclamación de la Iglesia primitiva) que
la proclamación de Jesús mismo. La predicación de Jesús queda relegada al
presupuesto, al punto de partida, porque el kerygma de la Iglesia se basa en
“la acción salvífica escatológica de Dios”, efectuado en la crucifixión y la
resurrección de Jesús. En resumen, el
Jesús histórico ya no es accesible, porque ha sido transformado
profundamente por el kerygma de la Iglesia.
Con Bultmann y sus seguidores,
parece que el abismo entre el Jesús histórico y las fuentes más antiguas es
insalvable: las fuentes nos proporcionan
una visión clara del Cristo de la fe, pero son opacas en cuanto al Jesús
histórico.
Bultmann
y la desmitologización (Jesús histórico versus Cristo de la fe)
En años más recientes, el
criticismo del Nuevo Testamento se ha centrado alrededor de la obra de Rudolf
Bultmann, a quien se lo reconoce como el padre
de la crítica de las formas, o la crítica formal.
Básicamente Bultmann planteó la
pregunta: ¿Puede el mensaje cristiano
exigirle al hombre de hoy que reconozca la imagen mítica del mundo como
verdadera? El NT está escrito en lenguaje mítico. No puede “tragarse
entero”, pues tal cosa ofende la dignidad del hombre. El lenguaje mitológico ha
sido superado, no cabe en la época contemporánea pedir a un hombre creer, sin
miramiento, que un mito es una verdad. Por ello, hay que desmitificar el evangelio.
El cometido de Bultmann, en su afán por desenmascarar al Jesús
histórico es la desmitologización de los Evangelios. La pregunta que surge es
¿qué entiende nuestro teólogo por desmitologización? Precisamente quiere
significar un procedimiento de liberación
del texto sagrado (particularmente los evangelios) de todo contenido mítico y metafísico, con el objetivo de identificar su auténtico significado
religioso. Es necesario reinterpretar el texto, para encontrar el significado profundo y existencial.
Bultmann lleva hasta tal punto su desmitologización que la
resurrección de Jesús, así como su encarnación en un vientre virginal, y sus
milagros son en realidad acontecimientos mitológicos más que históricos. En
otras palabras, Jesús no ha resucitado, ni realizó milagros, ni es el Logos
encarnado, todo esto, es creación de la Iglesia primitiva (los apóstoles) que
interpretaron así el acontecimiento de Jesús.
Mucha de las energías de Bultmann
se gastaron en despojar lo que él sentía que era la "mitología" de los escritores del Nuevo Testamento: el
cielo, el infierno, los milagros. De acuerdo con Bultmann lo que subyace debajo de la mitología es el entendimiento más profundo
que tiene la iglesia sobre la vida, surgido de su experiencia con el Señor
resucitado, es decir, el Evangelio es en realidad la interpretación de la
Iglesia sobre Jesús. Consecuentemente, no es posible saber nada de Jesús en
términos históricos excepto el hecho de que existió. Bultmann, en su libro Jesús y la palabra, afirma: "Sabemos
prácticamente poco y nada con respecto a la vida y la personalidad de
Jesús".[5]
El
Evangelio, ¿mito o realidad?
Sin embargo, al hablar de la desmitologización preguntémonos si ¿en
verdad es posible desmitologizar el Evangelio? Queda claro que en nuestra época
no se tiene la cosmovisión del Nuevo Testamento (nadie cree ya en un mundo
tripartito, por ejemplo, ello es vivir si fe, y luego sin sentido claro en la
vida). Pero, ¿será que podemos vivir sin mitos o, más aun, vivir sin fe? Bultmann
hace una valoración demasiado racional del mito, y pierde de vista el carácter
de expresión de las realidades inefables. Su reflexión teológica acerca al
cristianismo más a la filosofía que al ámbito de las creencias.
A mi ver, el suyo es un intento de hacer teología sin fe.
Bultmann, demasiado influenciado por la filosofía de su época, no es capaz de
mantener una fe firme. Eso le lleva a intentar racionalizar el misterio divino.
No se puede humanizar el misterio, es decir, no se puede hacer del misterio
algo totalmente ajeno a lo divino, y por ende comprensible a la mente humana.
Solo la fe puede darnos la inteligencia que es capaz de creer que el Jesús
histórico es realmente el Cristo de la fe.
Efectivamente, si no tenemos fe es lógico pensar que Jesús es una
realidad construida, casi totalmente, por los humanos, pues solo así se
comprende racionalmente lo que los evangelios dicen de él.
Continuemos nuestra dilucidación. En efecto, si bien la
metodología bultmanniana abre la teología a los desafíos de la ciencia, la
propia descripción que Bultmann hace de la ciencia y de la conciencia moderna
sigue anclada en ideas propias al siglo XIX: mecanicismo, positivismo, dualismo
objeto-sujeto, etc. Su propuesta teológica, a nuestro parecer se encuentra
demasiado cerca de las tendencias filosófico-humanistas de la época. Más aún,
su idea de lo antropológico y de la historicidad existencial humana deja de
lado perspectivas cruciales que hoy se derivan de la antropología cultural, la
neurobiología, la cosmología cuántica, la física, la psicología analítica, la
teoría de los sistemas, etc. La “realidad” es mucho más compleja, honda y
profunda, irreductible a las categorías
existenciales –aunque siempre mediada por el evento de existir.
En Bultmann la dimensión cósmica desaparece, y la historia de la salvación se
reduce a una escatología individual que deja de lado aspectos sociales, políticos
y cósmicos que empobrecen, no sólo la perspectiva bíblica, sino la misma cosmovisión
contemporánea. Se nota una pobreza de Bultmann en cuanto al dato de fe, que es
considerado puramente subjetivo, perteneciente solo al hombre, pero no a la
historia como tal.
En conclusión, el planteamiento
teológico actual no debe fundarse en una desmitologización del mensaje bíblico.
Bultmann tenía razón, ya no vivimos en la cercanía de una cosmovisión tripartita:
cielo, tierra, infierno. Pero se equivocó al pensar que lo que no puede
explicarse humanamente, lo que es sobrenatural, no es verdad, y que no es más
que un mito.
[1] ABBOTT, MARCOS (2002). El Jesús Histórico: Historia y estado de la
investigación. (S. E. Teología, Ed.) El Escorial, Vol 2.
[2] ABBOTT, MARCOS (2002). El Jesús Histórico:
Historia y estado de la investigación. (S. E. Teología, Ed.) El Escorial, Vol
2.
[3] Es un concepto habitual en la exégesis del Nuevo Testamento. La
escuela de la Historia de las Formas lo utiliza para hacer referencia a unidades textuales que corresponden a
tradiciones autónomas sobre Jesús de Nazaret, utilizadas por los
evangelistas como material para redactar los diferentes evangelios.
[4] Rudolf Bultmann, Teología del
Nuevo Testamento. 2ª edición. (Salamanca: Ediciones Sígueme, 1987), p. 40.
[5] Rudolf Bultmann, Jesus y la palabra (New York: Charles
Scribner's Sons, 1934), p.8.
