Para comenzar, quisiera recordar
algunas ideas principales del pensamiento de David Hume. El conocimiento para
Hume tiene origen en las percepciones,
divide estas en impresiones e ideas, a
su vez las ideas pueden ser simples o
compuestas. Para Hume, toda idea compuesta no tiene referencia en la
realidad y por tanto, es falsa. La base del conocimiento es la experiencia y la observación, el hombre
no puede ir más allá del ámbito experimental. Por esto, la filosofía de Hume es
empirismo puro.
Las impresiones son las percepciones más vivas y fuertes, pero son
perecederas. Hay dos tipos de impresiones: las de sensación, que surgen en la mente por causas desconocidas
(agnosticismo)[1], y las
de reflexión, que se derivan en gran
medida de nuestras ideas (imaginación). La diferencia entre impresiones e ideas
es el grado de fuerza y vivacidad; es la diferencia entre sentir (ver,
tocar...) y pensar (recordad, imaginar). Por ello, todo conocimiento que venga
de las ideas, es ilusorio. Esta división del conocimiento nos ayudara mucho
para entender la crítica a la causalidad hecha por Hume.
Las ideas están copiadas de
nuestras impresiones, aunque se dividen en simples,
es decir, corresponden a una impresión, y
complejas, que están formadas de ideas simples.
Para unir las ideas simples, en
nuestra mente, existen unas leyes de
asociación (proveídas por la costumbre)[2],
que son, la semejanza, contigüidad y
causa-efecto.[3]
Hume critica la relación
causa-efecto demostrando que esta conexión reside en nosotros mismos adquirida
por la costumbre.
Para ello distingue dos tipos de
proposiciones: relaciones de ideas,
que son todas las de las ciencias formales, matemáticas, lógica... y con ellas
tenemos un conocimiento cierto y su contrario es imposible. Y Cuestiones de hecho, que son para el
resto de las ciencias, comprobables empíricamente y su contrario siempre es posible.
Una vez hecho esto se distingue la
causalidad como relación filosófica, es decir, que la relación causa-efecto es intuitiva por la experiencia. Y la causalidad como relación natural, es
decir, que si se puede concebir un cambio en la naturaleza también se puede dar
entre una causa y un efecto, lo único que tenemos nosotros es un sentimiento de creencia.
A menudo, cuando un acontecimiento
sucede después de otro, la mayoría de la gente cree que una conexión entre
ambos acontecimientos hace que el segundo suceda al primero. Sin
embargo, hume afirma que aunque percibimos
(esto se da a nivel sensitivo) que un elemento suceda al otro, no percibimos (nuevamente, esto en el
ámbito de la experiencia sensitiva) ninguna condición
necesaria y suficiente entre los dos.
Para Hume la causalidad no es más
que un deseo humano de poner orden a las percepciones de los sentidos.
«No tenemos otra noción de causa y
efecto, excepto que ciertos objetos siempre han coincidido, y que en sus
apariciones pasadas se han mostrado inseparables. No podemos penetrar en la
razón de la conjunción. Sólo observamos la cosa en sí misma, y siempre se da
que la constante conjunción de los objetos adquiere la unión en la
imaginación».
La verdad es, según
Hume, que no podemos decir que A es causa de B, sino que A tiene alguna
relación con B, pero que esa relación no aparece en las impresiones que tenemos
de la realidad.
Para argumentar que
no se percibe la causalidad como principio Hume habla de conjunción constante, lo que significa que cuando vemos cómo un
acontecimiento siempre esta después de otro (lo causa) lo que en realidad
estamos viendo es que un acontecimiento ha estado siempre en conjunción constante con el otro
(costumbre). Es decir, que lo único que sabemos de A y B es que uno esta
después de otro, pero nunca que uno es la causa del otro, y el otro el efecto
del primero.
Por lo expuesto
anteriormente, Hume concluye que, de ser así, no sabremos nunca con certeza si A y B en el futuro sigan estando
en esa conjunción constante, en otras palabras que lo que ahora decimos que es
así, en el futuro puede no serlo. Causa y efecto son dos ideas distintas y
separables. Luego, el principio de causalidad seria para Hume una idea
compuesta o compleja, es decir, imaginación y no realidad.[4]
En fin, para Hume
el principio clásico de causalidad se
da solamente por un defecto de la psicología humana, pero no es conocido como
tal por medio de los sentidos. Y como para este filósofo empirista los sentidos
y la experiencia sensitiva son el límite del conocimiento, el principio de
causalidad por no poder ser percibido por los sentidos, aunque puede existir,
no puede ser conocido.
El problema de la
crítica de Hume es que deja la verdad del principio de causalidad, así como el
de todas las verdades, al margen de la experiencia sensitiva. Como para él solo
se conoce por los sentidos, la causalidad no puede tener cabida en el mundo
real, pues, no es percibida por los sentidos. Hume por tratar de tener un
referente cierto y comprobable de la verdad (los sentidos) ha perdido y
minusvalorado la capacidad racional del hombre para conocer la verdad.
Sin embargo, es
curioso que la crítica a la causalidad de Hume no afecte en lo más mínimo el
valor analítico del principio de causalidad en su aspecto lógico, en cuanto que
en la definición de causa está contenida la noción de efecto y viceversa.
Evidentemente, se dice de algo que es causa cuando es origen de un efecto, o
tiene la perfección de ser causa de otro. Y se dice de algo que es efecto, en
tanto ha sido generado por otro. Hume no ha atacado este principio lógico, sino
que simplemente muestra que la causalidad es indemostrable por vía sensitiva.[5]
Por otro lado,
tampoco ha logrado con su crítica descartar el valor ontológico del principio
de causalidad, en tanto que la experiencia nos atestigua que entre dos hechos,
de los cuales uno sigue siempre al otro, hay algo más que una pura sucesión de
fenómenos. En efecto, si B no puede existir sin A, esto significa
ontológicamente que A es causa de la existencia de B, y que B es efecto de A.
en conclusión, el principio de causalidad aunque no puede ser conocido por la
vía de la experiencia, si puede serlo por vía lógica y ontológica.
[1] Véase FAZIO, M. – DANIEL GAMARRA.
Historia de la Filosofía 3. 200-203.
[2] FAZIO, M. – DANIEL GAMARRA.
Historia de la Filosofía 3. 199.
[3] FAZIO, M. – DANIEL GAMARRA.
Historia de la Filosofía 3. 203-204.
[4] FAZIO, M. – DANIEL GAMARRA.
Historia de la Filosofía 3. 847s.
[5] FAZIO, M. – DANIEL GAMARRA.
Historia de la Filosofía 3. 851.
[1]
Véase FAZIO, M. – DANIEL GAMARRA. Historia de la Filosofía 3. Filosofía moderna. Palabra,
Madrid, España, 2001.

