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miércoles, 3 de octubre de 2012

Ensayo de Introduccion a la Teología



EL Jesús histórico y el Cristo de la fe
en el pensamiento de Rudolf Bultmann


Por José Martín 
Hernández Sandoval


La investigación formal del Jesús histórico surge como resultado de la Ilustración, una época, como  diría Kant, en que el hombre inicia su mayoría de edad, es decir, se independiza del sentimiento religioso dejándole casi todo a la razón. El racionalismo interpretaba la realidad como una serie de causas y efectos que podrían ser estudiados con el método científico. Pretendemos en este breve ensayo descubrir las motivaciones y el resultado de la búsqueda del Jesús histórico que realizó Rudolf Bultmann.
En un ambiente moderno-racionalista se mueve nuestro teólogo Rudolf Bultmann, nos hace falta conocer un poco el desarrollo del debate sobre el Jesús histórico antes de R. Bultmann. Para ello, auxiliémonos de Macos Abbott en su artículo “El Jesús Histórico: Historia y estado de la investigación”.[1]
Reimarus (1694-1768) era un profesor de idiomas orientales y filósofo. Como deísta, le interesó mucho la relación entre la revelación y la razón. Siguiendo a Christian Wolff y otros, Reimarus aplicaba dos criterios principales para identificar la revelación.
“El primero era el de la necesidad, por el que se entiende que la revelación explica aquello que no puede ser explicado por la ley natural. Así, bajo ciertas circunstancias Dios tuvo que recurrir al milagro para revelarse. El segundo criterio es el de la coherencia, por el que se entiende que la revelación no admite contradicción.”[2]
Con estos criterios Reimarus estudio analíticamente los Evangelios para discernir la presencia de la  revelación. Dió un paso metodológico pionero al distinguir entre la predicación de Jesús y la fe de los apóstoles en el Cristo (Mesías). Esta es una importante distinción que será ampliada más adelante.
Al final de su estudio, Reimarus no encuentra ninguna necesidad de milagro. Se puede explicar todo naturalmente. Esta misma afirmación, pero con un sabor más fuerte, la encontramos en Bultmann.
Reimarus identificó uno de los asuntos clave para la cuestión del Jesús histórico, que es la relación entre la historia y la fe (de aquí es de donde parte la distinción posterior del Jesús y del Cristo). Nos conduce esto a interrogarnos: ¿Quién fue Jesús?, y ¿Qué importa? (¿Importa realmente quién fue histórico-existencialmente?). Con los investigadores posteriores a Reimarus, se constata la destrucción del optimismo histórico.
En 1919 Martín Dibelius inició la crítica de las formas con la publicación de su libro La historia de las formas evangélicas. Su metodología fue aplicada y desarrollada más profusamente por Rudolf Bultmann (Historia de la tradición sinóptica, 1921). Básicamente la crítica de las formas analiza las formas literarias de las perícopas[3] de los evangelios. Las clasifica por sus géneros, asignando términos técnicos para sus formas como son leyenda, paradigma, parénesis, mito y otros.
Lo que aporta este análisis es una descripción del contexto vital de la comunidad primitiva y no una descripción del Jesús histórico. Según Bultmann: “La predicación de Jesús pertenece a los presupuestos de la teología del NT y no constituye una parte de ésta.”[4]
 Bultmann quiere decir que los evangelios presentan más el kerygma (esto es la proclamación de la Iglesia primitiva) que la proclamación de Jesús mismo. La predicación de Jesús queda relegada al presupuesto, al punto de partida, porque el kerygma de la Iglesia se basa en “la acción salvífica escatológica de Dios”, efectuado en la crucifixión y la resurrección de Jesús. En resumen, el Jesús histórico ya no es accesible, porque ha sido transformado profundamente por el kerygma de la Iglesia.
Con Bultmann y sus seguidores, parece que el abismo entre el Jesús histórico y las fuentes más antiguas es insalvable: las fuentes nos proporcionan una visión clara del Cristo de la fe, pero son opacas en cuanto al Jesús histórico.

Bultmann y la desmitologización (Jesús histórico versus Cristo de la fe)
En años más recientes, el criticismo del Nuevo Testamento se ha centrado alrededor de la obra de Rudolf Bultmann, a quien se lo reconoce como el padre de la crítica de las formas, o la crítica formal.
Básicamente Bultmann planteó la pregunta: ¿Puede el mensaje cristiano exigirle al hombre de hoy que reconozca la imagen mítica del mundo como verdadera? El NT está escrito en lenguaje mítico. No puede “tragarse entero”, pues tal cosa ofende la dignidad del hombre. El lenguaje mitológico ha sido superado, no cabe en la época contemporánea pedir a un hombre creer, sin miramiento, que un mito es una verdad. Por ello, hay que desmitificar el evangelio.
El cometido de Bultmann, en su afán por desenmascarar al Jesús histórico es la desmitologización de los Evangelios. La pregunta que surge es ¿qué entiende nuestro teólogo por desmitologización? Precisamente quiere significar un procedimiento de liberación del texto sagrado (particularmente los evangelios) de todo contenido mítico y metafísico, con el objetivo de  identificar su auténtico significado religioso. Es necesario reinterpretar el texto, para encontrar el significado profundo y existencial.
Bultmann lleva hasta tal punto su desmitologización que la resurrección de Jesús, así como su encarnación en un vientre virginal, y sus milagros son en realidad acontecimientos mitológicos más que históricos. En otras palabras, Jesús no ha resucitado, ni realizó milagros, ni es el Logos encarnado, todo esto, es creación de la Iglesia primitiva (los apóstoles) que interpretaron así el acontecimiento de Jesús.
Mucha de las energías de Bultmann se gastaron en despojar lo que él sentía que era la "mitología" de los escritores del Nuevo Testamento: el cielo, el infierno, los milagros. De acuerdo con Bultmann lo que subyace debajo de la mitología es el entendimiento más profundo que tiene la iglesia sobre la vida, surgido de su experiencia con el Señor resucitado, es decir, el Evangelio es en realidad la interpretación de la Iglesia sobre Jesús. Consecuentemente, no es posible saber nada de Jesús en términos históricos excepto el hecho de que existió. Bultmann, en su libro Jesús y la palabra, afirma: "Sabemos prácticamente poco y nada con respecto a la vida y la personalidad de Jesús".[5]

El Evangelio, ¿mito o realidad?
Sin embargo, al hablar de la desmitologización preguntémonos si ¿en verdad es posible desmitologizar el Evangelio? Queda claro que en nuestra época no se tiene la cosmovisión del Nuevo Testamento (nadie cree ya en un mundo tripartito, por ejemplo, ello es vivir si fe, y luego sin sentido claro en la vida). Pero, ¿será que podemos vivir sin mitos o, más aun, vivir sin fe? Bultmann hace una valoración demasiado racional del mito, y pierde de vista el carácter de expresión de las realidades inefables. Su reflexión teológica acerca al cristianismo más a la filosofía que al ámbito de las creencias.
A mi ver, el suyo es un intento de hacer teología sin fe. Bultmann, demasiado influenciado por la filosofía de su época, no es capaz de mantener una fe firme. Eso le lleva a intentar racionalizar el misterio divino. No se puede humanizar el misterio, es decir, no se puede hacer del misterio algo totalmente ajeno a lo divino, y por ende comprensible a la mente humana. Solo la fe puede darnos la inteligencia que es capaz de creer que el Jesús histórico es realmente el Cristo de la fe.
Efectivamente, si no tenemos fe es lógico pensar que Jesús es una realidad construida, casi totalmente, por los humanos, pues solo así se comprende racionalmente lo que los evangelios dicen de él.
Continuemos nuestra dilucidación. En efecto, si bien la metodología bultmanniana abre la teología a los desafíos de la ciencia, la propia descripción que Bultmann hace de la ciencia y de la conciencia moderna sigue anclada en ideas propias al siglo XIX: mecanicismo, positivismo, dualismo objeto-sujeto, etc. Su propuesta teológica, a nuestro parecer se encuentra demasiado cerca de las tendencias filosófico-humanistas de la época. Más aún, su idea de lo antropológico y de la historicidad existencial humana deja de lado perspectivas cruciales que hoy se derivan de la antropología cultural, la neurobiología, la cosmología cuántica, la física, la psicología analítica, la teoría de los sistemas, etc. La “realidad” es mucho más compleja, honda y profunda, irreductible a las categorías existenciales –aunque siempre mediada por el evento de existir.
En Bultmann la dimensión cósmica desaparece, y la historia de la salvación se reduce a una escatología individual que deja de lado aspectos sociales, políticos y cósmicos que empobrecen, no sólo la perspectiva bíblica, sino la misma cosmovisión contemporánea. Se nota una pobreza de Bultmann en cuanto al dato de fe, que es considerado puramente subjetivo, perteneciente solo al hombre, pero no a la historia como tal.
En conclusión, el planteamiento teológico actual no debe fundarse en una desmitologización del mensaje bíblico. Bultmann tenía razón, ya no vivimos en la cercanía de una cosmovisión tripartita: cielo, tierra, infierno. Pero se equivocó al pensar que lo que no puede explicarse humanamente, lo que es sobrenatural, no es verdad, y que no es más que un mito.




[1] ABBOTT, MARCOS (2002). El Jesús Histórico: Historia y estado de la investigación. (S. E. Teología, Ed.) El Escorial, Vol 2.
[2]  ABBOTT, MARCOS (2002). El Jesús Histórico: Historia y estado de la investigación. (S. E. Teología, Ed.) El Escorial, Vol 2.
[3] Es un concepto habitual en la exégesis del Nuevo Testamento. La escuela de la Historia de las Formas lo utiliza para hacer referencia a unidades textuales que corresponden a tradiciones autónomas sobre Jesús de Nazaret, utilizadas por los evangelistas como material para redactar los diferentes evangelios.
[4] Rudolf Bultmann, Teología del Nuevo Testamento. 2ª edición. (Salamanca: Ediciones Sígueme, 1987), p. 40.
[5] Rudolf Bultmann, Jesus y la palabra (New York: Charles Scribner's Sons, 1934), p.8.

miércoles, 2 de mayo de 2012

EL PRINCIPIO DE CAUSALIDAD EN DAVID HUME


EL PENSAMIENTO DE DAVID HUME Y EL PRINCIPIO DE CAUSALIDAD[1]

Para comenzar, quisiera recordar algunas ideas principales del pensamiento de David Hume. El conocimiento para Hume tiene origen en las percepciones,  divide estas en impresiones e ideas, a su vez las ideas pueden ser simples o compuestas. Para Hume, toda idea compuesta no tiene referencia en la realidad y por tanto, es falsa. La base del conocimiento es la experiencia y la observación, el hombre no puede ir más allá del ámbito experimental. Por esto, la filosofía de Hume es empirismo puro.
Las impresiones son las percepciones más vivas y fuertes, pero son perecederas. Hay dos tipos de impresiones: las de sensación, que surgen en la mente por causas desconocidas (agnosticismo)[1], y las de reflexión, que se derivan en gran medida de nuestras ideas (imaginación). La diferencia entre impresiones e ideas es el grado de fuerza y vivacidad; es la diferencia entre sentir (ver, tocar...) y pensar (recordad, imaginar). Por ello, todo conocimiento que venga de las ideas, es ilusorio. Esta división del conocimiento nos ayudara mucho para entender la crítica a la causalidad hecha por Hume.
Las ideas están copiadas de nuestras impresiones, aunque se dividen en simples, es decir, corresponden a una impresión, y complejas, que están formadas de ideas simples.
Para unir las ideas simples, en nuestra mente, existen unas leyes de asociación (proveídas por la costumbre)[2], que son, la semejanza, contigüidad y causa-efecto.[3]
Hume critica la relación causa-efecto demostrando que esta conexión reside en nosotros mismos adquirida por la costumbre.
Para ello distingue dos tipos de proposiciones: relaciones de ideas, que son todas las de las ciencias formales, matemáticas, lógica... y con ellas tenemos un conocimiento cierto y su contrario es imposible. Y Cuestiones de hecho, que son para el resto de las ciencias, comprobables empíricamente y su contrario siempre es posible.
Una vez hecho esto se distingue la causalidad como relación filosófica, es decir, que la relación causa-efecto es intuitiva por la experiencia. Y la causalidad como relación natural, es decir, que si se puede concebir un cambio en la naturaleza también se puede dar entre una causa y un efecto, lo único que tenemos nosotros es un sentimiento de creencia.
A menudo, cuando un acontecimiento sucede después de otro, la mayoría de la gente cree que una conexión entre ambos acontecimientos hace que el segundo suceda al primero. Sin embargo, hume afirma que aunque percibimos (esto se da a nivel sensitivo) que un elemento suceda al otro, no percibimos (nuevamente, esto en el ámbito de la experiencia sensitiva) ninguna condición necesaria y suficiente entre los dos.
Para Hume la causalidad no es más que un deseo humano de poner orden a las percepciones de los sentidos.
«No tenemos otra noción de causa y efecto, excepto que ciertos objetos siempre han coincidido, y que en sus apariciones pasadas se han mostrado inseparables. No podemos penetrar en la razón de la conjunción. Sólo observamos la cosa en sí misma, y siempre se da que la constante conjunción de los objetos adquiere la unión en la imaginación».
La verdad es, según Hume, que no podemos decir que A es causa de B, sino que A tiene alguna relación con B, pero que esa relación no aparece en las impresiones que tenemos de la realidad.
Para argumentar que no se percibe la causalidad como principio Hume habla de conjunción constante, lo que significa que cuando vemos cómo un acontecimiento siempre esta después de otro (lo causa) lo que en realidad estamos viendo es que un acontecimiento ha estado siempre en conjunción constante con el otro (costumbre). Es decir, que lo único que sabemos de A y B es que uno esta después de otro, pero nunca que uno es la causa del otro, y el otro el efecto del primero.
Por lo expuesto anteriormente, Hume concluye que, de ser así, no sabremos nunca con certeza si A y B en el futuro sigan estando en esa conjunción constante, en otras palabras que lo que ahora decimos que es así, en el futuro puede no serlo. Causa y efecto son dos ideas distintas y separables. Luego, el principio de causalidad seria para Hume una idea compuesta o compleja, es decir, imaginación y no realidad.[4]
En fin, para Hume el principio clásico de causalidad se da solamente por un defecto de la psicología humana, pero no es conocido como tal por medio de los sentidos. Y como para este filósofo empirista los sentidos y la experiencia sensitiva son el límite del conocimiento, el principio de causalidad por no poder ser percibido por los sentidos, aunque puede existir, no puede ser conocido.
El problema de la crítica de Hume es que deja la verdad del principio de causalidad, así como el de todas las verdades, al margen de la experiencia sensitiva. Como para él solo se conoce por los sentidos, la causalidad no puede tener cabida en el mundo real, pues, no es percibida por los sentidos. Hume por tratar de tener un referente cierto y comprobable de la verdad (los sentidos) ha perdido y minusvalorado la capacidad racional del hombre para conocer la verdad.
Sin embargo, es curioso que la crítica a la causalidad de Hume no afecte en lo más mínimo el valor analítico del principio de causalidad en su aspecto lógico, en cuanto que en la definición de causa está contenida la noción de efecto y viceversa. Evidentemente, se dice de algo que es causa cuando es origen de un efecto, o tiene la perfección de ser causa de otro. Y se dice de algo que es efecto, en tanto ha sido generado por otro. Hume no ha atacado este principio lógico, sino que simplemente muestra que la causalidad es indemostrable por vía sensitiva.[5]
Por otro lado, tampoco ha logrado con su crítica descartar el valor ontológico del principio de causalidad, en tanto que la experiencia nos atestigua que entre dos hechos, de los cuales uno sigue siempre al otro, hay algo más que una pura sucesión de fenómenos. En efecto, si B no puede existir sin A, esto significa ontológicamente que A es causa de la existencia de B, y que B es efecto de A. en conclusión, el principio de causalidad aunque no puede ser conocido por la vía de la experiencia, si puede serlo por vía lógica y ontológica.


[1] Véase FAZIO, M. – DANIEL GAMARRA. Historia de la Filosofía 3. 200-203.
[2] FAZIO, M. – DANIEL GAMARRA. Historia de la Filosofía 3. 199.
[3] FAZIO, M. – DANIEL GAMARRA. Historia de la Filosofía 3. 203-204.
[4] FAZIO, M. – DANIEL GAMARRA. Historia de la Filosofía 3. 847s.
[5] FAZIO, M. – DANIEL GAMARRA. Historia de la Filosofía 3. 851.



[1] Véase FAZIO, M. – DANIEL GAMARRA. Historia de la Filosofía 3. Filosofía moderna. Palabra, Madrid, España, 2001.

LA ECONOMÍA DE EL SALVADOR


Economia Salvadoreña


Para iniciar quisiera examinar la realidad de nuestro país. El desarrollo económico es la capacidad de países o regiones para crear riqueza a fin de promover y mantener la prosperidad o bienestar económico y social de sus habitantes. En el caso de Centro América y de El Salvador, el desarrollo económico[1] esta potenciado por el enorme número de materia prima, y recurso humano. Sin embargo, los países que cuentan con este desarrollo en potencia a menudo se equivocan al utilizarlos convenientemente para el desarrollo estable y progresivo de su economía, esto le ha ocurrido a nuestro país.
Podría pensarse al desarrollo económico como el resultado de los saltos cualitativos dentro de un sistema económico. En verdad, al hablar del desarrollo económico, también nos referimos al desarrollo de la calidad de vida de los ciudadanos de un país. Este desarrollo se ve facilitado por tasas de crecimiento que se han mantenido altas en el tiempo y que han permitido mantener procesos de acumulación del capital. El capital sigue siendo, en la mayoría de los casos, el indicador fiable del desarrollo económico de un país. En nuestro país, no se ha dado ni un aumento del capital ni en la calidad de la vida.
Esto se da, como ya lo dijo Voltaire, porque: «El interés es el perfume del capital.» Y se entiende que una vez aumentado el capital, el interés se sacia, pero sucede en el pulgarcito que aunque el capital aumente el interés no siempre es colmado. De tal manera que, mientras el capital puede aumentar en cifras, las necesidades de la población salvadoreña por la que se interesa el capital, se mantienen en un mismo número, y aun en uno mayor.
El capital al ser puesto en primer lugar respecto a los otros indicadores de desarrollo económico, ha desviado la atención del objetivo principal de la economía de nuestro país, a saber, satisfacer las necesidades de los ciudadanos de una nación.
En El Salvador los proyectos que se ha gestionado (aun los del Plan Puebla Panamá) no se han interesado por un desarrollo integral de la persona y la economía, prueba de ello es la desatención de los proyectos a la medio ambiente y la ecología.[2]
Además, al hablar del desarrollo, resulta ilusorio pretender una desinteresada solidaridad entre los países, aun entre los una misma zona. Sigue vigente la vieja frase de Alejandro Dumas «En los negocios no existen amigos: no hay más que clientes.» Los países, aunque estén pasando por serios problemas económicos, no dejan de verse con cierto recelo e interés. Asimismo, podemos incluir en este vistazo a la realidad salvadoreña la presencia de la miseria en zonas urbanas y rurales, el analfabetismo (podríamos hablar de un 30% de la población), el desempleo, y una dependencia casi total de las remesas familiares, que ha aumentado grandemente el consumismo y la inconsciencia de los salvadoreños.
Tratemos ahora de iluminar la realidad económica con algunos criterios de la Doctrina Social de la Iglesia. Sobre el punto antes mencionado el Papa Benedicto XVI ha dicho su encíclica Caritas in veritate:
"La cooperación internacional necesita personas que participen en el proceso del desarrollo económico y humano, mediante la solidaridad de la presencia, el acompañamiento, la formación y el respeto. Desde este punto de vista, los propios organismos internacionales deberían preguntarse sobre la eficacia real de sus aparatos burocráticos y administrativos, frecuentemente demasiado costosos."[3]
En El Salvador, al igual que en otros países centroamericanos, se tiene la tendencia a confundir, en la esfera de lo económico, el desarrollo económico con el simple incremento del capital de la Nación. Esto supone, que el desarrollo económico que se busca no es una búsqueda de la satisfacción integral de las necesidades del ciudadano. A esto agreguemos que el hombre ha perdido, y con esto me refiero especialmente a los señores diputados y a todos los que dirigen la economía del país, el sentido original de la economía, aquel sentido del que ha hablado Benedicto XVI en la misma encíclica: una economía al servicio de la persona, no al revés. Este sentido de la economía abarca todas las dimensiones del ser humano, y por ello no puede dejar de lado los valores que orientan y dan sentido a la existencia humana en el mundo:
"En la época de la globalización, la actividad económica no puede prescindir de la gratuidad, que fomenta y extiende la solidaridad y la responsabilidad por la justicia y el bien común en sus diversas instancias y agentes. Se trata, en definitiva, de una forma concreta y profunda de democracia económica.”[4]
De tal manera que el crecimiento económico debe ser entendido en  múltiples dimensiones. El crecimiento económico es una de las metas de nuestro país y el mismo implica un incremento notable de los ingresos, y de la forma de vida de todos los individuos de una sociedad. Existen muchas maneras o puntos de vista desde los cuales se mide el crecimiento de una sociedad, se podría tomar como ejes de medición la inversión, las tasas de interés, el nivel de consumo, las políticas gubernamentales, o las políticas de fomento al ahorro; todas estas variables son herramientas que se utilizan para medir este crecimiento.
Sin embargo, estos indicadores no son suficientes, hace falta echar un vistazo a la realidad humana de la mayoría de las familias del país para comprobar si el incremento del capital corresponde al incremento de una mejor calidad de vida de los salvadoreños. Solo si sucede así, el desarrollo económico ira por un buen camino, y podremos hablar de un desarrollo integral del país.
En efecto, no puede hablarse de un autentico desarrollo económico, si se deja de lado el desarrollo ético de la sociedad. Muchos se preguntaran: ¿Qué tiene que ver la ética con la economía? Podemos responder con toda seguridad que los valores espirituales son de por sí un factor decisivo para la economía: las reglas del mercado funcionan sólo cuando se da el consenso moral que las sostiene. Solo si hay una buena ética de fondo, puede haber una economía verdaderamente humana. También, El Salvador como una sociedad que, en todos sus niveles, quiere positivamente estar al servicio del ser humano debe proponerse como meta prioritaria el bien común, en cuanto bien de todos los hombres y de todo el hombre.[5]
Es imposible pretender dar soluciones técnicas, desde mi parecer, a un problema tan amplio como lo es la economía de nuestro país. Sin embargo, se proponen algunas líneas generales de acción. En primer lugar hay que recordar que: la economía solo funciona y se desarrolla si se desarrolla de manera simultánea a ella una sana ética y si toda la persona es integrada en el proceso del desarrollo. El Salvador necesita crecer en su concepción de la persona para poder servir adecuadamente a la persona. Me sumo a la afirmación del Sumo Pontífice:
“La clave del desarrollo está en una inteligencia capaz de entender la técnica y de captar el significado plenamente humano del quehacer del hombre, según el horizonte de sentido de la persona considerada en la globalidad de su ser.”[6]
Existe una necesidad urgente de educar al hombre en el uso ético de los bienes y de las riquezas. El desarrollo amerita en nuestro país recibir un enfoque cada vez más humano. Con una educación más personalista y humanista, el ciudadano salvadoreño tendrá más criterios verdaderos de juicio para juzgar y valorar la vida, y los peligros que esta enfrenta en la realidad de nuestro país.
Por último, quisiera decir que hace falta animar un nuevo orden social, económico y político, fundado sobre la dignidad y la libertad de toda persona humana.[7] La sociedad debe aceptar la iluminación que la Doctrina Social de la Iglesia propone, en especial en lo que se refiere a los principios o valores de la vida en sociedad: el bien común, el destino universal de los bienes, la subsidiariedad y el principio de solidaridad de los pueblos.[8]


[1] Para ampliar el término véase WIKIPEDIA. (19 de Abril de 2012). Wikipedia. La Enciclopedia Libre. Recuperado el 30 de Abril de 2012, de http://es.wikipedia.org/wiki/Desarrollo_econ%C3%B3mico
[2] Fundación Heinrich Boll. (2005). Integración Regional: Los límites del debate economico. Mexico D. F.: Ediciones Boll. P. 149.
[3] BENEDICTO XVI, (2009). Carta Encíclica Caritas in veritate. Bogotá: San Pablo. n 47.
[4] BENEDICTO XVI, (2009). Carta Encíclica Caritas in veritate. n 38.
[5] Cf. Catecismo de la Iglesia Católica, 1912.
[6] BENEDICTO XVI, (2009). Carta Encíclica Caritas in veritate, 70.
[7] Pontificio Consejo "Justicia y Paz". (2005). Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia. Roma: Libreria Editorial Vaticana. n 19.
[8] Véase  Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia, 164-188.

jueves, 16 de febrero de 2012

Los objetivos de la Educación Nacional.




OBJETIVOS DE LA EDUCACION


Enero 2012


INTRUDUCCION
A lo largo de los pasados años ha sido de mucha importancia para la sociedad salvadoreña en materia educativa, pues se ha visto un avance en la didáctica y la pedagogía del proceso de enseñanza-aprendizaje. Esto ha sido logrado porque se ha tenido en cuenta la calidad educativa. Se ha trabajado más en algunas dimensiones de la persona que anteriormente habían sido desechadas o ignoradas por los planes de educación.
En el éxito de la educación nacional cuenta estimablemente la planificación y dirección de la educación. En este ámbito, el MINED, el Gobierno y los responsables políticos tienen mucha responsabilidad. A una correcta y adecuada planificación de la educación, corresponde una satisfactoria adquisición del aprendizaje. Es por ello, que como buenos ciudadanos somos responsables de conocer cual es el rumbo de la educación actual.
Una manera de conocer la educación actual es a través de la lectura y reflexión de la Ley General de Educación en el país. Este corto reporte contiene la investigación sobre los objetivos de la educación a nivel nacional e distintos momentos históricos; además, agregamos a esta información nuestros comentarios y reflexiones acerca de la temática abordada. Nuestro único afán, al desarrollar este reporte es profundizar en la educación salvadoreña.


OBJETIVOS GENERALES DE LA EDUCACION NACIONAL
A continuación se muestran los objetivos propuestos por el Ministerio de Educación:
Art. 3.- La Educación Nacional tiene los objetivos generales siguientes:
a) Desarrollar al máximo posible el potencial físico, intelectual y espiritual de los
Salvadoreños, evitando poner límites a quienes puedan alcanzar una mayor excelencia;
b) Equilibrar los planes y programas de estudio sobre la base de la unidad de la ciencia, a fin de lograr una imagen apropiada de la persona humana, en el contexto del desarrollo económico social del país;
c) Establecer las secuencias didácticas de tal manera que toda información cognoscitiva promueva el desarrollo de las funciones mentales y cree hábitos positivos y sentimientos deseables;
d) Cultivar la imaginación creadora, los hábitos de pensar y planear, la persistencia en alcanzar los logros, la determinación de prioridades y el desarrollo de la capacidad crítica;
e) Sistematizar el dominio de los conocimientos, las habilidades, las destrezas, los hábitos y las actitudes del educando, en función de la eficiencia para el trabajo, como base para elevar la calidad de vida de los salvadoreños;
f) Propiciar las relaciones individuales y sociales en equitativo equilibrio entre los derechos y deberes humanos, cultivando las lealtades cívicas, es de la natural relación interfamiliar del ciudadano con la patria y de la persona humana con la cultura;
g) Mejorar la relación de la persona y su ambiente, utilizando formas y modalidades educativas que expliquen los procesos implícitos en esa relación, dentro de los cánones de la racionalidad y la conciencia; y
h) Cultivar relaciones que desarrollen sentimientos de solidaridad, justicia, ayuda mutua, libertad y paz, en el contexto del orden democrático que reconoce la persona humana como el origen y el fin de la actividad del Estado.
Una breve crítica
La ley general de la educación ha planteado los objetivos con la intención de mejorar la calidad educativa de los salvadoreños. Esta calidad educativa de la que hablamos no se limita al crecimiento y al desarrollo y habilidades cognitivas en la persona, sino que propone una educación integral de la persona humana. Por ello esta educación tiene en cuenta tanto la dimensión intelectual como la dimensión humana, comunitaria, ambiental, social y espiritual en las personas.  A demás de esto se percibe un claro deseo de promover una educación teórica, práctica, y útil para la sociedad. Con estas características, aludimos a una enseñanza que tiene sus resultados explícitos en la vida cotidiana de la sociedad salvadoreña, es decir, una educación en valores, como la fraternidad, la justicia, la solidaridad, la honestidad, el respeto entre otros. De tal manera que la educación en la sociedad incluya: el saber, el saber ser, el saber hacer y el saber vivir; con estas perspectivas de mejora en la educación se establecerá la imagen de ser humano que ansiamos todos.
Comparación de los objetivos con los ya propuestos en el Plan Nacional de Educación  1995-2005
Introduciéndonos en el marco de la educación en el país, nos encontramos con ya se ha avanzado en educación. Prueba de ello es son los anteriores planes propuestos para la década de 1995-2005. Este pretendía lograr los objetivos siguientes:
  • Mejorar la calidad de la educación en sus diferentes niveles y modalidades.
  • Aumentar la eficiencia, eficacia y equidad del sistema educativo.
  • Democratizar la educación ampliando los servicios educativos.
  • Crear nuevas modalidades de provisión de servicios.
  • Fortalecer la formación de valores humanos, éticos y cívicos.
Al comparar estos objetivos del plan educativo anterior con los objetivos propuestos con la ley general de educación se puede observar que los objetivos anteriores no fueron lo suficiente para mejorar la calidad educativa. Sin embargo estos objetivos tratan de abarcar las necesidades latentes en ese momento histórico. Ahora bien, teniendo en consideración toda esta gama de objetivos y la realidad actual del país podemos afirmar que en su concretización dejan mucho que desear. Ejemplo de ello es  la escaza pedagogía en la enseñanza, es decir, que la forma en  la que se enseña no es la más apropiada para suplir los objetivos propuestos. También podemos apuntar que muchos de los contenidos del currículo educativo de ese momento no consideran el desarrollo integral de la persona. Estas dificultades pedagógicas y curriculares se reflejan en la calidad de vida de los ciudadanos salvadoreños.
Los objetivos en la realidad actual salvadoreña
En el actual Plan Nacional de Educación se retoman algunos de los objetivos que ya han sido propuestos por el MINED para guiar el quehacer educativo. Puede notarse que el en ellos es una idea predominante nuevamente la formación integral de la persona en todas las dimensiones de su ser. No puede cuestionarse la recta intensión en el planteamiento de los objetivos para el periodo 2006-2021, sin embargo, ante la inminente e indiscutible crisis de valores en la mayoría de salvadoreños, es factible decir que  la educación no ha desarrollado en un 100% los objetivos propuestos. Lamentablemente el poco éxito en educación tiene desastrosas consecuencias en la vida social y es un obstáculo para la consecución del tan ansiado bien común.
Sin embargo, el MINED esta enterado de su poco éxito en el logro de los objetivos al luchar cada día por llenar los vacios que se han producido en el transcurso de los pasados años. Pero, debido a los cambio de Gobierno no se ha seguido con el entusiasmo de cumplir los objetivos propuestos en un plan, al contrario cada nuevo Gobierno plantea nuevas ofertas educativas, haciendo desfallecer en alguna medida el trabajo realizado.

CONCLUSIÓN
Como resultado de esta investigación hemos llegado a las siguientes conclusiones:
1.     La educación, en El Salvador ha pasado por distintos momentos históricos que han afectado el éxito de la misma. Sin embargo se han logrado muchos de los objetivos propuestos en la educación.
2.     La educación para que sea realizada con  resultados satisfactorios amerita de una correcta planificación a nivel nacional, jurisdiccional y también en un nivel local.
3.     Los objetivos de  la educación son en gran medida las directrices del desarrollo del proceso de enseñanza- aprendizaje, pero también es de suma importancia la aplicación en la realidad concreta de dichos objetivos, así como su debida adaptación a las realidades latentes en cada etapa histórica.
4.     Para la educación integral de la persona hace falta que los objetivos educativos incluyan todas las dimensiones del ser humano. Nos referimos a la dimensión física, emocional, moral y espiritual. Omitir una de las dimensiones acarrearía severas dificultades para la educación integral de la persona.
5.     Por ultimo, los objetivos de la educación deben ser dados a conocer en todos los centro educativos, en especial a los encargados de la enseñanza. De esa manera se tendrá la certeza que los objetivos están siendo trabajados.