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miércoles, 2 de mayo de 2012

EL PRINCIPIO DE CAUSALIDAD EN DAVID HUME


EL PENSAMIENTO DE DAVID HUME Y EL PRINCIPIO DE CAUSALIDAD[1]

Para comenzar, quisiera recordar algunas ideas principales del pensamiento de David Hume. El conocimiento para Hume tiene origen en las percepciones,  divide estas en impresiones e ideas, a su vez las ideas pueden ser simples o compuestas. Para Hume, toda idea compuesta no tiene referencia en la realidad y por tanto, es falsa. La base del conocimiento es la experiencia y la observación, el hombre no puede ir más allá del ámbito experimental. Por esto, la filosofía de Hume es empirismo puro.
Las impresiones son las percepciones más vivas y fuertes, pero son perecederas. Hay dos tipos de impresiones: las de sensación, que surgen en la mente por causas desconocidas (agnosticismo)[1], y las de reflexión, que se derivan en gran medida de nuestras ideas (imaginación). La diferencia entre impresiones e ideas es el grado de fuerza y vivacidad; es la diferencia entre sentir (ver, tocar...) y pensar (recordad, imaginar). Por ello, todo conocimiento que venga de las ideas, es ilusorio. Esta división del conocimiento nos ayudara mucho para entender la crítica a la causalidad hecha por Hume.
Las ideas están copiadas de nuestras impresiones, aunque se dividen en simples, es decir, corresponden a una impresión, y complejas, que están formadas de ideas simples.
Para unir las ideas simples, en nuestra mente, existen unas leyes de asociación (proveídas por la costumbre)[2], que son, la semejanza, contigüidad y causa-efecto.[3]
Hume critica la relación causa-efecto demostrando que esta conexión reside en nosotros mismos adquirida por la costumbre.
Para ello distingue dos tipos de proposiciones: relaciones de ideas, que son todas las de las ciencias formales, matemáticas, lógica... y con ellas tenemos un conocimiento cierto y su contrario es imposible. Y Cuestiones de hecho, que son para el resto de las ciencias, comprobables empíricamente y su contrario siempre es posible.
Una vez hecho esto se distingue la causalidad como relación filosófica, es decir, que la relación causa-efecto es intuitiva por la experiencia. Y la causalidad como relación natural, es decir, que si se puede concebir un cambio en la naturaleza también se puede dar entre una causa y un efecto, lo único que tenemos nosotros es un sentimiento de creencia.
A menudo, cuando un acontecimiento sucede después de otro, la mayoría de la gente cree que una conexión entre ambos acontecimientos hace que el segundo suceda al primero. Sin embargo, hume afirma que aunque percibimos (esto se da a nivel sensitivo) que un elemento suceda al otro, no percibimos (nuevamente, esto en el ámbito de la experiencia sensitiva) ninguna condición necesaria y suficiente entre los dos.
Para Hume la causalidad no es más que un deseo humano de poner orden a las percepciones de los sentidos.
«No tenemos otra noción de causa y efecto, excepto que ciertos objetos siempre han coincidido, y que en sus apariciones pasadas se han mostrado inseparables. No podemos penetrar en la razón de la conjunción. Sólo observamos la cosa en sí misma, y siempre se da que la constante conjunción de los objetos adquiere la unión en la imaginación».
La verdad es, según Hume, que no podemos decir que A es causa de B, sino que A tiene alguna relación con B, pero que esa relación no aparece en las impresiones que tenemos de la realidad.
Para argumentar que no se percibe la causalidad como principio Hume habla de conjunción constante, lo que significa que cuando vemos cómo un acontecimiento siempre esta después de otro (lo causa) lo que en realidad estamos viendo es que un acontecimiento ha estado siempre en conjunción constante con el otro (costumbre). Es decir, que lo único que sabemos de A y B es que uno esta después de otro, pero nunca que uno es la causa del otro, y el otro el efecto del primero.
Por lo expuesto anteriormente, Hume concluye que, de ser así, no sabremos nunca con certeza si A y B en el futuro sigan estando en esa conjunción constante, en otras palabras que lo que ahora decimos que es así, en el futuro puede no serlo. Causa y efecto son dos ideas distintas y separables. Luego, el principio de causalidad seria para Hume una idea compuesta o compleja, es decir, imaginación y no realidad.[4]
En fin, para Hume el principio clásico de causalidad se da solamente por un defecto de la psicología humana, pero no es conocido como tal por medio de los sentidos. Y como para este filósofo empirista los sentidos y la experiencia sensitiva son el límite del conocimiento, el principio de causalidad por no poder ser percibido por los sentidos, aunque puede existir, no puede ser conocido.
El problema de la crítica de Hume es que deja la verdad del principio de causalidad, así como el de todas las verdades, al margen de la experiencia sensitiva. Como para él solo se conoce por los sentidos, la causalidad no puede tener cabida en el mundo real, pues, no es percibida por los sentidos. Hume por tratar de tener un referente cierto y comprobable de la verdad (los sentidos) ha perdido y minusvalorado la capacidad racional del hombre para conocer la verdad.
Sin embargo, es curioso que la crítica a la causalidad de Hume no afecte en lo más mínimo el valor analítico del principio de causalidad en su aspecto lógico, en cuanto que en la definición de causa está contenida la noción de efecto y viceversa. Evidentemente, se dice de algo que es causa cuando es origen de un efecto, o tiene la perfección de ser causa de otro. Y se dice de algo que es efecto, en tanto ha sido generado por otro. Hume no ha atacado este principio lógico, sino que simplemente muestra que la causalidad es indemostrable por vía sensitiva.[5]
Por otro lado, tampoco ha logrado con su crítica descartar el valor ontológico del principio de causalidad, en tanto que la experiencia nos atestigua que entre dos hechos, de los cuales uno sigue siempre al otro, hay algo más que una pura sucesión de fenómenos. En efecto, si B no puede existir sin A, esto significa ontológicamente que A es causa de la existencia de B, y que B es efecto de A. en conclusión, el principio de causalidad aunque no puede ser conocido por la vía de la experiencia, si puede serlo por vía lógica y ontológica.


[1] Véase FAZIO, M. – DANIEL GAMARRA. Historia de la Filosofía 3. 200-203.
[2] FAZIO, M. – DANIEL GAMARRA. Historia de la Filosofía 3. 199.
[3] FAZIO, M. – DANIEL GAMARRA. Historia de la Filosofía 3. 203-204.
[4] FAZIO, M. – DANIEL GAMARRA. Historia de la Filosofía 3. 847s.
[5] FAZIO, M. – DANIEL GAMARRA. Historia de la Filosofía 3. 851.



[1] Véase FAZIO, M. – DANIEL GAMARRA. Historia de la Filosofía 3. Filosofía moderna. Palabra, Madrid, España, 2001.

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